Échale un vistazo a tu trayectoria profesional ¿Cuántas veces has tenido que presentar una propuesta a alguien? O lo que puede pasar a mucha gente con ganas de emprender, ¿cómo comunicas la idea que tienes en mente? Estás a tiempo, no te preocupes. Sólo tienes que comenzar a trabajar esta habilidad. El orador no nace, se hace. Se práctica día a día, se aprende de las exposiciones para corregir posibles formas de comunicar que no nos han funcionado como esperábamos, así, sin más. Esforzándonos.

Si encontramos a dos personas con las mismas competencias para un mismo puesto de trabajo, aquel que domina la comunicación verbal tendrá más probabilidades de optar al puesto. Y qué tendremos que hacer para dominarla: trabajar nuestra comunicación. Comunicar. A nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestra pareja, no importa. Práctica en el espejo y hasta graba la sesión. Lo importante es comenzar y no parar. Aprenderás de ello más rápido de lo que crees.

Algunos tips para comenzar a trabajar sobre el contenido de lo que pretendemos comunicar se centran en la claridad del mensaje, resume la idea, intenta explicarlo para aquella persona que nunca ha oído el tema en su vida o desconoce el área. Y ponlo en práctica: con tu padre, tú amigo más despistado o con un vecino al que frecuentes en el ascensor. No importa. Lánzate.

Personalizar la idea a veces ofrece muy buenos resultados, si sabemos muy bien las características de la persona o de la empresa donde trabaja, podremos concentrar nuestro mensaje adelantado la información, dando buena imagen al tener conocimiento sobre el destinatario de nuestro mensaje y a la vez dedicando el esfuerzo a que el mensaje sea específico para él y no otro. Dándole ese espacio de importancia, nuestro mensaje toma mayor importancia.

En resumen hay que tener varias ideas claras:

¿De qué se trata cuando tomamos la palabra? Comunicar. ¿Qué pretendemos cuando hablamos? Comunicar y ¿Cuál es el método de aprendizaje? Trabajar, trabajar y seguir trabajando esta habilidad humana.